PEDRO
MARTÍNEZ DE LUNA
DATOS
BIOGRÁFICOS
(Illueca,
1328 - Peñíscola, 1423). Cardenal y Pontífice aragonés,
conocido como el Papa Luna. Hijo de Juan Martínez de Luna
y de María Pérez de Gotor, vino al mundo en el castillo
familiar de la citada localidad zaragozana en la comarca del Aranda.
Estudió Derecho canónico en la universidad de Montpellier,
donde obtuvo el grado de doctor en Decretos dedicándose a la
docencia durante algún tiempo, labor que abandonó para
abrazar la carrera eclesiástica. Regentó sucesivamente
las canonjías de Vic, Tarragona, Huesca y Mallorca. Después
fue canónigo de Cuenca, arcediano de Zaragoza y preboste de Valencia.
Su alto linaje aragonés y la valía demostrada en sus estudios
jurídicos le granjearon la confienza de la Curia romana, por
lo que el papa Gregorio XI lo designó cardenal-diácono
con el título de Santa María in Cosmedin en 1375.
El traslado del Papa desde Aviñón a Roma dio lugar al
comienzo del Gran Cisma de Occidente por la oposición del clero
francés a dicho traslado y a su muerte fueron elegidos Urbano
VI en Roma y Clemente VII en Agnani. El cardenal Luna tomó la
causa de Clemente, poniéndose a su servicio en Aviñón
y actuando como legado pontificio ante los reyes de Castilla, Navarra,
Portugal y Aragón. De 1378 a 1389 residió habitualmente
en España, pero sin abandonar las buenas relaciones con Aviñón,
por lo que Clemente VII, correspondiendo a sus servicios le otorgó
una décima trienal en sus estados y le autorizó la fundación
de la universidad de Perpiñán. La actividad del cardenal
aragonés lo hizo famoso fuera de los límites de la Corona
de Aragón, e incluso el Papa en Roma, Bonifacio IX (que había
sucedido a Urbano VI) alabó su talento y sus méritos.
Castilla aceptaría por su mediación a Clemente VII en
1381 y Navarra en 1390, por lo que finalizada su misión en España
regresa a Aviñón y a la muerte del Papa aviñonés
sería nombrado para sucederle, adoptando el nombre de Benedicto
XIII. Su obstinación, que le haría más famoso
todavía si cabe, hizo imposible la propuesta de mediación
del rey Carlos VI de Francia y la de entrevistarse con Bonifacio IX,
y aunque en el concilio de Perpiñán se declaraba su legitimidad,
el posterior concilio de Pisa, en 1409, declaró cismáticos
a ambos pontifices y arbitró la elección de un nuevo Papa
(Alejandro, V) lo que obligaba a renunciar a los dos existentes con
anterioridad. Benedicto XIII no aceptó la solución refugiándose
en la Corona de Aragón. La posterior convocatoria de un nuevo
concilio que se celebraría en Constanza en 1414, logró
la deposición de dos de los papas y abrió el definitivo
aislamiento de Benedicto XIII, obligado a refugiarse en el castillo
de Peñíscola. Allí acabaría sus días
abandonado por todos, aislado, declarado hereje y excomulgado por el
nuevo Papa, Martín V.
BIBLIOGRAFÍA
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